lunes, 19 de noviembre de 2012

Reflexiones para después de una huelga.



Si usted quiere evitarse la lectura de todo este fárrago de análisis, datos y conclusiones, algunas de ellas muy personales, puede dirigirse directamente a los cuatro o cinco últimos párrafos, le puede suponer a usted un ahorro de energía eléctrica y de cansancio de vista, si no mental. Seguramente se va a quedar igual de informado y su acuerdo o desacuerdo con lo que digo, pues como poco me importa y para lo que va a importar en el contexto político y social, se lo ahorra y listo.

El 14 de noviembre de 2012 tuvo lugar la huelga general convocada por casi todas las organizaciones sindicales en contra de la crisis y las reformas laborales que realiza el gobierno del PP.

Se realiza, además, a nivel europeo, aunque no se convocaba en los mismos términos que en España. En algún país la huelga era de sólo cuatro horas, y con un seguimiento desigual, en los países del sur, más afectados por la crisis, naturalmente hubo más participación.
Los motivos para ir a la huelga los clasifico desde dos puntos de vista: Por un lado los que son causa de la acción huelguista, en sentido estricto: las reformas laborales y financieras iniciadas por el anterior gobierno del PSOE y continuadas por el actual gobierno del PP y en Canarias por el PP-CC-PSOE: aumento de la edad y periodo de cotización para la jubilación, el incremento de la presión fiscal a las clases populares, la des-regulación de las relaciones laborales y el abaratamiento y simplificación de los despidos, tanto improcedentes como por causas económicas, el encarecimiento de los servicios públicos esenciales, educación, sanidad y los a ellos ligados: comedores escolares, prestaciones farmacéuticas, etcétera, o la reducción pura y dura del poder adquisitivo de los funcionarios y demás empleados públicos. Además de las consecuencias en el ámbito financiero que, para las familias que se han quedado en paro y sin recursos por la crisis, supone toda esta situación (desahucios y embargo de bienes).

Por otro lado tenemos las motivaciones personales de los trabajadores y ciudadanos en general para secundar una convocatoria de huelga y acudir a una manifestación contra lo antes relacionado.

En cuanto a la primera motivación está claro que las medidas que han adoptado los gobiernos PP-PSOE-CC (estatal y autonómico) desde el desencadenamiento de la crisis son merecedoras de una crítica no sólo desde el punto de vista sindical o popular, sino desde el punto de vista técnico (laboral y económico) no hay acciones del gobierno decididamente dirigidas a las causas de la crisis financiera y la burbuja inmobiliaria, que a mi juicio tienen el mismo aunque multidiverso origen: la especulación financiera e inmobiliaria, tanto a nivel nacional como internacional. Los sucesivos gobiernos se han limitado a intentar paliar los efectos de la crisis en la financiación de los servicios públicos y el gasto financiero del Estado, incluso con una reforma constitucional metida con calzador, pero con resultados penosos: no se ha conseguido remontar la crisis ni aumentar los ingresos del Estado y por el contrario crece cada vez mas la deuda pública, no se consigue una re activación de las actividades productivas, además de empobrecer a amplias capas de población que disfrutaban de una situación desahogada. Por otro lado los causantes de la crisis, la banca nacional e internacional y las grandes corporaciones multinacionales, salen bien parados, no sólo tienen la oportunidad de sustituir o deshacerse de los trabajadores que les sobran a precios mas baratos, sino que el Estado les transfiere cantidades enormes de fondos públicos que, además, no utilizan para que circule en forma de préstamos y créditos y fomentar el desarrollo de actividades económicas productivas, sino para continuar especulando en los mercados financieros, incluso con deuda pública española que “rinde” mas que lo que les cuestan esos fondos.
O sea que motivos para una huelga general no de un día, sino indefinida, los hay en abundancia.

En lo que se refiere a las motivaciones mas “personales” tanto de organizaciones sindicales como sociales o de individuos particulares, es donde mas variación encontramos: por un lado las organizaciones sindicales que se encuentran obligadas a rechazar las reformas en el ámbito laboral y de seguridad social que mas afectan a los trabajadores, por otro lado las organizaciones sociales que ven como a sus miembros y usuarios se les recortan prestaciones y subvenciones que permitían la realización de sus actividades y por último los directamente afectados, que se ven en el paro o con prestaciones y salarios reducidos. A ninguno les gustan las reformas y la situación que se vive.

Las consignas y lemas de las organizaciones sindicales van desde el radical “Hay que tumbarlos” hasta el mas comedido “Nos dejan sin futuro, hay culpables” además de “pedir” un referéndum para aprobar o rechazar las reformas emprendidas.

Pero por qué, si la situación es tan grave, y lo es ciertamente, las organizaciones sindicales convocan la huelga de solo un día.

El devenir de la vida sindical en España y sus colonias ha desembocado en unas organizaciones sindicales completamente centradas en la asesoría jurídica, para afiliados y no afiliados; en la negociación de convenios colectivos, la mayoría de las veces sin contar con los trabajadores afectados, y en la participación en órganos consultivos y consejos de administración de carácter político (Cajas de Ahorros, Consejo Económico y Social, etcétera). Además de dedicarse a la explotación de la formación de trabajadores con fondos públicos como otra fuente de recursos económicos. Las grandes centrales recibían, y reciben, cuantiosas sumas del erario público en forma de subvenciones para gastos de funcionamiento.

La falta de vida sindical, de defensa real de los trabajadores mediante la solidaridad obrera y la acción directa, de asambleas de trabajadores, de formación sindical, de afiliación y pago de cuotas, la inexistencia de cajas de resistencia, de cooperativas sindicales, etcétera, etcétera, ha provocado que los sindicatos se hayan convertido en enormes maquinarias burocráticas cuyo único fin es el de perpetuarse.

Todo ello ha generado la desafección mas amplia de los trabajadores hacia los sindicatos, la situación es incluso peor que en la época dictatorial, pues aunque en aquella época la mayoría de los trabajadores no estuvieran sindicados por la represión, por lo menos a los sindicatos se les respetaba como defensores de los derechos de los trabajadores, ahora se les percibe sólo como una parte mas del aparato del Estado.

Aquí habría que realizar un análisis mas amplio de la situación en la que se encuentran las centrales sindicales, tanto las dos o tres estatales, como las locales o autonómicas, lo cual no es el objeto de este pequeño opúsculo. Baste decir que los sindicatos no tienen capacidad de resistencia, ni por número de afiliados, ni por cuotas sindicales ni por organización, para realizar acciones que no sean mas que testimoniales, y aquí nos vamos acercando al meollo del asunto.

La convocatoria de una huelga general en el estado en que se encuentra la situación sindical y dadas las agresivas medidas de los sucesivos gobiernos es la única forma que tienen las grandes centrales sindicales de justificarse ante los trabajadores y afiliados, sobre todo las grandes, pues el resto por un mal entendido criterio de solidaridad obrera hacen seguidismo de las decisiones de aquellas. Resulta significativo que después de la huelga tengan previsto “pedir” la celebración de un referéndum para que el pueblo apruebe o no las reformas, de hecho esa era, también, una de las reivindicaciones de la jornada de huelga de CCOO y de UGT.

En suma los motivos internos de los sindicatos para la convocatoria de una huelga general son básicamente para no quedar definitivamente descolocados en el panorama político y laboral español, aunque resulte patética la petición de un referéndum.

En cuanto a los motivos personales, íntimos diría yo, de los trabajadores para secundar la huelga y después de analizar múltiples versiones, pueden resumirse en tres: La necesidad de manifestar el desacuerdo con las medidas tomadas por los gobierno; la idea de que con la huelga se estaba luchando efectivamente contra esas medidas y el convencimiento de que es un acto de responsabilidad para con las futuras generaciones.

Ciertamente, como dije al principio, hay motivos mas que suficientes para participar en una huelga general y manifestar el desacuerdo con las medidas laborales, recortes, etcétera. Ese objetivo se ha cumplido y se ha de reconocer que, con independencia de la guerra de cifras, a veces absurdas por parte de responsables políticos que uno suponía serios, los convocantes llenaron las calles de manifestantes y se consiguió una aceptable paralización de las actividades económicas.

Pero en cuanto a las otras dos motivaciones personales: la sensación de estar haciendo “algo” para que se resuelva la crisis y se paren las reformas contra los trabajadores y el tranquilizar nuestras conciencias por la responsabilidad hacia el futuro, lamentablemente tengo que deducir que no se han satisfecho.

Pues el éxito de las huelgas no se mide por el número de trabajadores que las secundan, ni por el porcentaje de reducción del consumo eléctrico de ese día, ni por el número de personas que acuden a las manifestaciones que se convocan como colofón.

El éxito de una huelga se mide por la consecución de los objetivos que se plantean cuando se convocan. No hay otra medida, la huelga triunfa cuando el patrono, en este caso el gobierno, se ve obligado a acceder a las reivindicaciones de los trabajadores. La huelga es una acción de fuerza, a ver quien puede mas.

Y en este caso los gobiernos de España y de Canarias no se han visto compelidos a cambiar su dinámica agresiva contra las clases populares, es más, sus portavoces oficiales y los medios de comunicación afines minimizaban la participación en la huelga y manifestaciones con total descaro y desprecio a la verdad, manteniendo en todo su vigor las medidas contra las que se convocó la huelga e incluso planteando nuevos recortes para el próximo futuro.

Por todo ello hay que concluir que esta huelga, en estas condiciones, ha sido un fracaso estrepitoso.

sábado, 24 de marzo de 2012

Que lo quiten todo

Que lo quiten todo, si, que deroguen la jornada máxima legal de cuarenta horas semanales y el salario mínimo, que quiten las leyes que fijan un tiempo mínimo de 30 días de vacaciones al año y permitan el trabajo de los menores de edad y que prohíban las huelgas, también, por qué no, tendrían que hacer laborable el día primero de mayo y prohibir las banderas rojas, las negras y también las que tienen estrellas verdes.

Y quizá piensen ustedes: este individuo se ha vuelto loco, ya no pide rebajar el “Estado del Bienestar” que la crisis la tenemos que remontar entre todos, sino quitarlo del todo, volver al feudalismo, que digo, a sistema esclavista, seguro que está loco.

Pues no, no lo estoy ni me he vuelto nihilista, pero esto no sirve, nos han engañado, el “Estado del Bienestar” es una engañifa y nos siguen engañando aquellos que defienden este “estado del bienestar”.

Hasta ahora parecía que no había problemas, España era un modelo para el mundo: la transición democrática ejemplar, la monarquía amable, defensora de las libertades, la Constitución del Estado Social y Democrático de Derecho, la concertación social, el consenso político, los convenios colectivos y el Estatuto de los Trabajadores, los delegados sindicales y comités de empresa, las elecciones cada cuatro años....

Pero..., pero llega la crisis y por una rendija de la puerta de la casa de los tres cerditos asoma la patita capitalista y neoliberal, disfrazada de blanca harina democrática, y algunos ven que van a perder su modus vivendi y claro, se ponen colorados aunque no tengan vergüenza (y es que decir rojos todavía está mal visto) y hay que convocar a la huelga general, ahí, con dos cojones. Eso si, un día, porque más es imposible, que la gente luego no va.

¡Pero si estamos en el “Estado del Bienestar”, si el Rey es buenísimo y la familia real encantadora, pero si teníamos una concertación social y un convenio colectivo, pero si también había subvenciones para los sindicatos y que éstos, junto con los empresarios, se encargaron de la formación profesional de los trabajadores, y también recibieron mucho dinero por ello...! ¡¡Dios mío qué nos está pasando!!… Pues eso, que había concertación social y que había convenios colectivos, que aquellos que todavía cantan puño en alto lo de “cambiemos el mundo de base hundiendo el imperio burgués” y nos metieron en la OTAN, son los mismos compañeros y compañeras, sindicalistos y sindicalistas, amigos y amigas de los banqueros y banqueras, son los mismos que permitieron las SICAV (sociedades multimillonarias que pagan sólo un uno por ciento de impuesto de sociedades), son los mismos que privatizan los servicios públicos, para racionalizarlos y hacerlos viables claro, no piensen ustedes mal.

Entonces los trabajadores se dedicaron a gastarse el sueldo en tunear coches, en irse de vacaciones al sur (para hacer bien el amor hay que venir al sur) o a pagar hipotecas de casas baratas, que no valen lo que cuestan. También se olvidaron que la unión hace la fuerza, que hay que organizarse de verdad, con principios y fijando objetivos tácticos y estratégicos, y que en sus antiguas banderas se leía “ni dios, ni amos, ni tribunos” y dejaron en manos de unos funcionarios sindicales, pagados con las subvenciones del Estado y los fondos para formación profesional, la defensa de sus intereses laborales individuales, olvidándose de los colectivos, porque aquí cada uno va a lo suyo, y perdieron la conciencia de clase, si alguna vez la tuvieron, y no se formaron técnicamente ni en su cultura ni políticamente y se lo creyeron todo, hasta lo de social y democrático de derecho que dice la constitución y lo del “derecho fundamental” a la negociación colectiva. Y por todo eso no tienen cajas de resistencia, ni economatos sindicales, ni escuelas obreras, ni un sistema de SEGURIDAD SOCIAL propio, de los trabajadores, y mucho menos un sistema financiero alternativo... No tienen nada.

Por eso pienso que deberían derogar el Estatuto de los Trabajadores, para que la clase trabajadora se caiga de la higuera hipotecada en la que la han hecho vivir y luche por imponer, por la fuerza si hace falta, el Estatuto que le convenga; que prohíban el primero de mayo, para hacer huelga general ese día, con piquetes, sin servicios mínimos ni machangadas pseudo democráticas; que no hayan convenios colectivos, pues no harán falta ya que el capital se guardará de respetar a los trabajadores, pues lo que sigue es la huelga indefinida y expropiar las empresas explotadoras; y que prohíban nuestras banderas, para alzarlas como dice la canción y que no las usen los traidores.

sábado, 11 de febrero de 2012

Canarias y el petróleo.

He dudado un poco antes de redactar este articulillo, pero como veo que está cada vez mas enconada la discusión pues allá va:

Creo que nos encontramos ante un caso “de libro” en cuanto a explotación colonial con respecto a las prospecciones y el aprovechamiento de los yacimientos petrolíferos situados entre Canarias y Marruecos.

También creo que estas se llevarán a cabo a pesar de las protestas de la alianza antinatura formada por los empresarios turísticos, las corporaciones locales y los ecologistas. Y ello porque al final (apuntándome a adivino) es posible que las corporaciones locales reciban algunas migajas del reparto del pastel petrolífero, que será lo único que reciba Canarias, junto con la contratación de unos pocos operarios sin cualificar y lo que dejen las plataformas por la escala en nuestros puertos.

Los empresarios se resignarán ante lo inevitable, salvo que se planteen una acción decidida contra el gobierno español, que podría ser suicida para ellos, aunque resulta curioso como entidades locales y empresarios turísticos, depredadores de recursos naturales por tradición, se han opuesto a las prospecciones. Quedarán, como casi siempre, los ecologistas como muestra testimonial de democrática oposición.

Y todo esto ¿por qué?, pues porque no existen en este país de dos millones de habitantes las condiciones sociales, las estructuras políticas ni la organización militar que permita ejercer el derecho a gestionar sus riquezas. Canarias no tiene la capacidad de oponerse a las acciones del Reino de España o del Reino de Marruecos, en sus aguas y en la que podría ser su Zona Económica Exclusiva, ni de forma pacífica ni por la fuerza. Acudir a organismos internacionales, a título casi individual para mas INRI, para que actúen en defensa de los pretendidos derechos de un archipiélago perteneciente a un Estado miembro y contra los dos Estados antes nombrados y sus patrones imperialistas es de ilusos, ejemplos tiene la historia, recientes y cercanísimos, que lo demuestran.

Creer en la entelequia de un Orden Internacional independiente, con organizaciones como la ONU, etcétera, que regula las relaciones entre los naciones y los pueblos, creer en la virtualidad de los tratados y convenios internacionales, y que los países firmantes los van a respetar, es como creer en la existencia de los gamusinos lipofitrópicos, además de un indicativo de no haberse leído El Príncipe, de Maquiavelo, ni de forma resumida.

Concluyendo, Canarias no tiene fuerza ni para impedir ni para aprovecharse de la explotación de los recursos petrolíferos mas cercanos, ni aunque estuviesen situados en medio del valle de Ucanca.

Vayamos pensando, pues, en cómo obtener lo que nos falta: FUERZA.

Y, para mí, se acabaron los debates inútiles sobre opciones imposibles.